Entre sueños y realidad encontré el otro día un recuerdo. De esos que derrepente uno tiene borrados por ahí, en algún lugar.
Me acordé de una caja musical que tenía mi hermana. Era una bailarina de ballet con un imán en los pies y se deslizaba al compás de una larga melodía- que sonaba cada vez que la tapa se abría- sobre una superficie que tenia un espejo. La bailarina venia en un en un rectángulo exclusivo para que no se dañase. Bailaba con sus dos manos arriba, tocándose el anular y el dedo medio. Con su tutú rosado y un peinado estilo tomate característico.
Todas las noches, mientras nos cepillabamos los dientes antes de dormir, mi hermana abría la cajita y veíamos como bailaba su bailarina.
La última vez que me dormí viéndola bailar, fue hace 14 años atrás…
Era una noche fría en invierno.