Abro la cortina, la noche se muestra inmensa y a ratos el viento sopla fuerte.
Levanto mi cabeza y el dragón de enfrente me mira atento. A ratos, tan atento que me siento intimidada.
Dejo la cortina hacia un costado y la ventana entre-abierta. Apago la luz de la pieza y camino por el pasillo. Me asomo al comedor y ahí está mi amiga sentada en el balcón.
Me siento con ella, para ver el edificio de corchetes y esperar que pase el helicóptero de la ciudad gótica. Mientras, los autos pasan sin ganas de despertar a nadie.
3 comentarios:
ese dragón puede ser muchas cosas...
lo mismo opino yo...
Dragones... wow!
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